sábado, 12 de mayo de 2012

Huellas de mi ciudad – Itinerarios 2012



Inauguramos nuestros itinerarios siguiendo las huellas de los pasajes, los parques y los tesoros que ellos encierran. Desde la arquitectura, las esculturas, los sonidos, colores y sabores que estos fragmentos urbanos nos convocan como así también el marco natural,  instantáneas que capta nuestra mirada en el click de la cámara o de nuestra palabra;  o la música que resuena acompañando nuestras huellas, las que dejamos a nuestro paso, la que nos llevamos y recreamos en distintas producciones.

A veces nos sorprende la escena de alguna película, nuestra infancia y juventud dándole una identidad propia, un sello personal a cada recorrido como si sacáramos de nuestro imaginario como de la galera de un mago: palomas, conejos y pañuelos de colores.  Por eso este taller pone el acento en las vivencias personales, en las emociones que convoca cierta calle, ciertas casas,  las puertas, los balcones. Siempre la micro y la macro historia enhebrándose con la de los otros, gente del lugar que nos cuenta su vida o el descubrimiento de un espacio aún no transitado.  Caminando la ciudad, sus espacios públicos nos sentimos descubriendo lo vivificante que es darnos un baño de multitud y callejeo al mejor estilo arltiano.

Hasta ahora nuestras huellas  se quedaron en la isla de Recoletta y se asomaron al mirador de Plaza Mitre, sus monumentos, la Biblioteca Nacional, los pasajes y las calles con escaleras, balaustradas y copones para terminar en el Café del Lector.  Luego hemos visitado parques:  el Lezama con toda su emblemática historia, esculturas, naturaleza, Museo Histórico y finalmente realizamos una parada en el Bar Británico. El pasaje Lanín también nos cobijó varias tardes y fuimos recibidos por el peluquero Román Lamas y por Gabriela y Fernando, los asistentes del  Estudio del artista plástico Marino Santamaría. Distintas miradas sobre los barrios del sur de la ciudad que se plasmaron en emotivos y poéticos relatos.

El parque de la Memoria nos conmovió y nos mostró parte de nuestra historia, un río ancho y soleado nos recibió para darnos consuelo y una guía, el marco artístico y arquitectónico del lugar junto con el contexto histórico que lo sustenta. El mejor homenaje es la belleza de este paseo público.

Luego nos sumergimos debajo de la ciudad, en los pasajes de la Avda. 9 de Julio norte y sur, que también nos produjeron sensaciones encontradas: nostalgia, melancolía, encuentro con objetos insólitos, diversidad y leyendas. La Galería Güemes nos devolvió un poco de glamour, olores, sabores y pequeños y lujosos cafés, corbatas de seda italiana y mármoles, cúpulas vidriadas y recuerdos de un Buenos Aires antiguo que retrataron nuestros escritores más notables.
Y seguiremos dejando nuestras huellas por distintos espacios de la ciudad.

Una muestra de estos itinerarios en nuestro blog:  instantáneas, relatos, crónicas, collages realizadas por los integrantes de nuestros cuatro talleres.

Lunes de 16 a 18 hs. / miércoles y jueves de 14 a 16 hs. / miércoles de 16 a 18 hs.
Informes e inscripción: tallerdehuellasdemiciudad@gmail.com  
Coordinan: Luciana Rizzi / Adriana Agrelo

Huellas literarias - Pasaje 9 de Julio - Lydia Carabajal


Sobre los pasajes subterráneos de la Av. Nueve de julio

Están ahí, a nuestro alcance. Sólo basta descender unos pocos peldaños y encontrarlos. Tesoros casi escondidos, sólo para aquéllos que se tomen el tiempo de bajar y detenerse, que se sientan asaltados por la curiosidad y despojados de la prisa. Los locales de estos pasajes son en sí mismos una galería de arte; cada uno exhibe sus objetos rescatados del tiempo y el olvido.  Caminamos y admiramos radios antiguas, en las que quizás las muchachas de  antes escucharon tantas novelas románticas entre suspiros; también hay teléfonos de bocina, soldaditos de plomo de imaginarias  gestas infantiles, en las que siempre por supuesto ganaban “los buenos”.  Vimos copas de cristal y finas vajillas, ¿de dónde provendrán? ¿quién habrá hecho un brindis con ellas compartido un cálido té en alguna tertulia de elegantes señoras? Hay preciosos colecciones de sellos postales y monedas; ¿cuántos viajes habrán realizado llevando cartas amorosas o noticias terribles? Seguramente hicieron nacer lágrimas en los ojos que esperaban y temblor en las manos. ¿Cuántos tesoros  se habrán pagado con esas monedas, o viajes o amores? Hay óleos hermosos y diversos relojes antiguos, siempre el tiempo marcando su paso, señalándolo todo a través de las épocas. Admiramos enormes graffitis de ignotos artistas y al lado, desde el suelo,  alguien con voz cascada y una guitarra desafinada, intentaba dar con las notas y cantar. También vimos dos peluquerías, con butacas antiguas y dos salones de lustrar, donde los clientes  leen el diario mientras le pasan  enérgicamente la franela a su calzado.
Todo está parado en algún tramo del tiempo, nada es actual, no hay locales de música, se impone el silencio y la pausa para ver y observar; sólo hay apuro en quienes usan los pasajes como camino a sus empleos. Cada cosa parece conservar el valor del pasado, hasta la sonrisa de Carlitos que, con su funyi ladeado nos mira en el bar, mientras bebemos   algo fresco o un café con un pastelito de mil hojas y confites de colores.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Huellas literarias - Itinerarios 2012 - Martha Berreti


Pasaje Lanín

Estoy caminando sobre el centro de barracas, moderno y pujante centro comercial.
Trato de encontrar el pasaje Lanin…….sólo encuentro modernos negocios…..casas de comidas…, transeúntes apurados…….

De repente bajó una neblina muy densa, de ella emerge un carro de lechero

--Señor, buenas tardes…! ¿Conoce el pasaje Lanín?

--Claro! …suba señora…yo la  llevo…

En pocos minutos estamos en la calle Brandsen y allí nomás el pasaje ; calle empedrada de casas bajas cuyos frentes están decorados con venecitas, azulejos  y vidrios  que  iluminan con diversidad de colores, construcciones muy antiguas.

¡No me alcanzan los ojos para apreciar tanta belleza!

--doña,…la dejo en la puerta del taller de Marino Santa Maria artista
   plástico diseñador de las fachadas……le va a gustar!

Entro en una casa antigua con un gran patio transformado en taller de
Arte, cubiertas las paredes con espléndidos trabajos.

Desde el mismo se ve pasar el tren……..Se está haciendo noche……El carro de lechero está estacionado………

---hola doña…….suba…..la llevo a su casa.

Huellas Literarias - Itinerario 2012 - Noemí Müller


Pasaje Lanín

Después de cruzar el terreno, para mi desconocido, de Barracas, de ver esas autopistas tan útiles como un camisón de invierno pero que dejan desnudo un desolado panorama ciudadano, la llegada al Pasaje Lanin fue como el arco iris después de la tormenta. Esa callecita curva y colorida, llena de vida, dice que no todo está perdido.

El grupo de compañeros, con bullicio casi escolar, lo recorría. Cada cual hace su aporte que se va sumando a las indicaciones de nuestras profesoras y guías Adriana y Luciana.
Pero mi alma vagabunda y un poco solitaria, a ratos me aleja del grupo para absorber el espíritu del lugar más que sus datos concretos.

La iniciativa del artista Marino Santamaría de intervenir los frentes encontró eco en los vecinos. Guiados por el, primero mejoraron las viejas fachadas y luego las decoraron con recortes de vidrios, mosaicos y venecitas al estilo del arquitecto Gaudi en Barcelona. Otros optaron por la pintura pero todos participaron lo que me lleva a diferenciar el espíritu de barrio del de consorcio.

Al final de la calle, el prolijo terraplén del ferrocarril con sus faroles y arbustos colgantes parece una escenografía, propicia a la exhibición de cuadros que se hace en el mismo. El continuo pasar de los trenes no interfiere. Como ex -vecina de la estación Devoto se que en poco tiempo el ruido pasa a ser parte integrante de nuestras vidas.

Apenas me asomé a la izquierda para avizorar el Borda y el Moyano recordando a poetas y escritores que los moraron y tal vez sus espíritus vaguen por el pasaje confundiéndose con las risas de los niños que instalan los atriles para colorear sus sueños.

Hacia la derecha me llamó la atención, lindando con el supermercado Easy, un antiguo edificio de varios pisos que lucia con dignidad el paso del tiempo, de cuando el barrio era la zona bien de Buenos Aires.
En el viejo café aunamos impresiones, mientras el mozo – de los de antes- nos atendía solicito.
Me despido del pasaje con este haiku, pues pienso que en cualquier patio y momento puede suceder el milagro:

Baldosa rota
en tus venas abiertas
brota un malvón.


Visita del 23 de abril del 2012

Huellas literarias - Itinerarios 2012 - Lidia Vinuesa


El pasaje Lanin

Encaro el pasaje cual si me introdujera en un enorme calidoscopio de colores brillantes, serpenteando el andar.

Entre las vías del tren cuyos muros sepia muchas veces son moteados con cuadros y el brillar húmedo del empedrado…..

¿Qué sucedió? ¿De dónde surge esta imagen?  Surge  de la comunión de los vecinos que se dejaron contagiar, absorbiendo la  imaginación del artista y, dejando de lado la desidia y la indiferencia dieron paso a la transformación  como si una película blanco y negro se convirtiera en la más luminosa tecnicolor.

Las veredas armonizan con los frentes y los árboles enmarcados con  las venecitas dan al paisaje una pincelada verde de frescura..

Me siento en otro tiempo  recordando ese barrio perdido cuyo sonido era la risa de los chicos, las charlas de las vecinas,  el pregón de un repartidor , un tango o un vals
 de algún piano que se filtra a través de la ventana.





Huellas literarias - Itinerarios 2012 - Lydia Carabajal


Barrracas, esa gris melancolía

Este barrio  es casi  desconocido  para mí, rara vez se han dado las circunstancias para que lo visite; por eso hoy camino sus calles con paso lento, para mantener la  atención despierta, creo que se  lo  debo.  Este Sur… tan olvidado por mucho tiempo en la consideración colectiva, casi tanto como aquel otro, más lejano,  allá abajo golpeado por los vientos.
Observo y mis ojos se llenan de imágenes diversas, aunque descubro que no me provocan complacencia, lo descarto para vivir, es demasiado gris, me abrumaría. Las cosas que en este Sur despiertan mi curiosidad se refieren al pasado, en tiempos de su bautizo, cuando se guardaban cueros y esclavos en las barracas, en una valoración igualitaria e injusta, o cuando los  guapos defendían su dignidad en el choque de dos filos brillantes y definitivos, o quizás cuando algún galán hablaba en el zaguán con su amor, según evoca el tango. Vuelvo a mirar  y viene a mi presente un tiempo palaciego, del cual se conservan paredes   con cabezas de león y sonidos escondidos, palacio cercano en nuestro recorrido,  lamentablemente no visitado. Me hubiera gustado también recorrer la avenida de los infinitos nombres (hoy Montes de Oca) y, si cierro los ojos, puedo llegar hasta la famosa pulpería que en ella estaba, donde aún deambulará el alma cantora de la pulpera de pelo y ojos claros, que quizás había llegado a estas tierras en algún barco hace mucho tiempo. Su espíritu flota en cada detalle de mi imaginación,  la veo entre los parroquianos, haciendo girar sus trenzas y en la mano un vaso de ginebra o grapa, en una ofrenda gentil.
 Se me hace que el barrio tiene mayor riqueza y personalidad en su pasado que en la época actual, ha perdido su identidad heredada, que algunos desconsideran, para alcanzar otra fisonomía adquirida gris y desdibujada.
Ahora voy por el Pasaje Lanin. Los pasajes   son como calles que no  crecieron, calles infantiles, con espíritu travieso y rincones encantadores.  El Lanin muestra fantásticas fachadas y canteros de los árboles, decorados  con venecitas, obras del artista Santamaría, en una armoniosa y vivificante conjunción multicolor, que son una agradable excepción y un remanso visual en el apagado entorno.
Con los sentidos abiertos y colmados de postales reales e imaginarias, finalmente me voy yendo del Sur, caminándolo solitaria por fuera del recorrido, avanzando por una vía paralela a la autopista. Me doy vuelta, ¿dónde está la gente, dónde el movimiento, dónde los comercios o las calles residenciales, dónde los árboles de enormes copas y los jardines recién regados, algún signo de bullicio vital o el color en los muros?
Se advierte que el barrio ha crecido, pero no ha huido de la chatura. Lo que veo es gris, pausado, de una innegable melancolía. Por eso, Salve Lanìn, que coloreaste la tarde!

Lydia E. Carabajal